Teníamos un día para ver Belfast. ¿Mucho o poco? Pues hubo un momento en que nos parecía mucho, pero acabamos volviendo a dormir más tarde que ningún otro día. Por eso escribo esta entrada al día siguiente. Pero empecemos por el principio.
Ester había estado en Belfast hace años durante unas horas, en una excursión en autobús desde Dublín. En un Paddywagon, unos autobuses pintados con tréboles, leprechauns y demás símbolos irlandeses. Y justo en el día de la marcha de los orangistas por Belfast. Cuando se cruzaron con ellos, les apedrearon el autobús. Esperábamos tener mejor experiencia ahora.
Una cosa que aprendió entonces, aparte de que todavía quedan individuos bastante aguerridos, es que se puede hacer recorridos en taxi por la ciudad. Hay algunas empresas que los organizan. Cuestan £15 por persona y durante hora y media te hacen un recorrido guiado centrado en las zonas católicas y protestantes en que aún parecen no haberse enterado de que el conflicto acabó hace casi veinte años. Así que escribió al señor Paddy (este se llamaba así de verdad) y quedamos en que vendría alguien a buscarnos a las diez de la mañana.
Por si alguien se preguntaba de dónde viene la URL de este blog, es una tradición que tenemos Tereixa y yo en nuestros viajes, consistente en usar nombres genéricos para las personas locales que nos encontramos. Así, por ejemplo, en Escocia siempre andábamos con "pregúntale al señor Angus a qué hora abren" o "dice la señora Maggie que la entrada vale £5". Aquí, en Irlanda, son el señor Paddy y la señora Molly.
Bien, el caso es que en nuestro B&B solo servían el desayuno hasta las 9h y lo llevábamos incluido, así que puse el despertador a las 7:30 para que nos diera tiempo a negarnos a levantarnos, que al final uno se decidiera a irse a la ducha, luego el otro y vestirnos para bajar a desayunar a las 8:30. Y a las 7:30 en punto sonó el despertador... de Ester. Que, al parecer, se había despertado a mitad de noche y lo había puesto también, por si acaso. Pues menos mal; no sé en qué estaba yo pensando la noche anterior, porque puse el mío una hora tarde. Supongo que pensaba en dormir.
En fin, el desayuno tampoco fue nada del otro mundo y resultó un poco justito. No nos ha gustado mucho nuestro B&B de Belfast; en la habitación hace un poco de frío, el lavabo es muy incómodo de usar (el agua cae casi rozando la loza), cada vez que tiras de la cadena hace un ruido terrible y el desayuno es un poco escaso. Aunque durante el desayuno comprobé que, tal como nos habían dicho en Dublín, el acento norirlandés es mucho peor que el suyo. No entendía una palabra a la señora que nos lo servía. Bueno, dejémoslo en que entendía una palabra de cada tres, más o menos. Esto de la visita guiada por un taxista podía no ser tan buena idea...
Bueno, nuestro taxista (Stephen) llegó con cinco minutos de retraso; tal vez quería dejar claro que él no era británico. Y tenía un acento recio, pero le entendía casi todo lo que decía; menos mal.
Lo primero, nos dijo que no estábamos en zona unionista, sino en una de las llamadas zonas grises, donde convivían católicos y protestantes; pero al lado había una zona protestante y luego una católica, adonde nos llevó. Fuimos recorriendo la valla que aún separa ambas zonas, cruzando de una a otra por las puertas que siguen cerrándose por las noches para evitar enfrentamientos. Y viendo las pintadas que hay en ambos lados, casi todas ellas recientes. No creáis que son frases o dibujos cutres hechos en diez minutos con un espray; todas están muy curradas.
En un momento dado, Stephen se encontró con unos colegas con los que estuvo hablando durante un momento. La conversación fue algo así:
- Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn.
- Iä! Iä! Cthulhu fhtagn!
Eso entendí yo, al menos, aunque Ester dice que oyó la palabra coffee en algún momento. Sinceramente, esperamos que estuvieran hablando en gaélico porque, si eso era inglés, lo íbamos a pasar mal para entendernos con los lugareños. Aunque en Irlanda del Norte no es oficial, algunos católicos hablan gaélico como signo de identidad irlandesa. Y a nuestro taxista, aunque hacía esfuerzos por no hablar muy mal de los protestantes, se le notaban bastante sus simpatías. Yo no acabo de creerme que todas las pintadas protestantes sean belicistas y todas las católicas pacifistas, como las que vimos. Aparte de la famosa pintada de Bobby Sands, que está en una de las paredes de la sede del Sinn Fein.
Pedimos a Stephen que nos dejara en el centro y nos dejo en la puerta de la oficina de turismo, frente al ayuntamiento. Entramos a preguntar y nos dieron un plano de la ciudad y algunas sugerencias. Decidimos pasar de la atracción más popular de la ciudad, la exposición del Titanic (que se construyó en los astilleros de Belfast), pero sí que dimos un paseo por el centro, subimos a la cúpula del centro comercial Victoria (desde donde se ve toda la ciudad), nos asomamos a la catedral de Santa Ana (aunque no entramos) y nos apuntamos a la visita guiada al ayuntamiento. Ahora no se puede ver todo el edificio porque están de obras hasta dentro de un mes, pero aun así fue bastante interesante. Si nuestro taxista era claramente republicano, nuestra guía del ayuntamiento, Cindy, era claramente unionista; eso sí, más fácil de entender, aunque tenía un buen acento irlandés, de estas que pronuncian /toin/ para town. Y nos hizo una buena visita (gratis).
Otras cosas interesantes que vimos por el centro fueron Commerce Court, una callecita llena de pubs y pintadas chulas, y uno de los muchos monumentos a los brigadistas irlandeses que participaron en la guerra civil española.
También entramos en un par de pubs, entre ellos uno que nos habían recomendado por antiguo y bonito (The Crown Liquor Saloon), que ciertamente lo era, y otro en el que tenían la Estrella Damm como cerveza del mes (nos decantamos por otra).
Como os decía antes, el desayuno había sido más escaso que otras veces. No realmente escaso como tal desayuno, pero no íbamos a aguantar hasta la hora de cenar, así que estuvimos buscando algún sitio en que nos dieran alguna cosilla que nos permitiera aguantar, pero sin quitarnos el hambre para cenar. Montones de sitios de pizza, kebab y demás, pero ninguno aceptaba tarjetas y nosotros no llevábamos libras. Acabamos cogiendo un bocata en un Subway. A la salida comentaba con Ester que había sido una elección acertada:
- Bueno, el bocatilla ha cumplido su misión...
- Yo tengo más hambre que antes.
- Sí, me refería a su misión de no quitarme el hambre para la cena.
Como aún era pronto y hacía frío, nos metimos en un pub por la zona de la universidad que, naturalmente, estaba lleno de universitarios. Pero tenía una buena selección de cervezas, buenos precios, mucho espacio y un quiz anunciado para la noche. Pues aquí volveremos después de cenar.
Y a cenar que fuimos avergonzando al país y siendo los primeros clientes del restaurante (en vez de los últimos, como todos los españoles). Fuimos a un restaurante cercano llamado Latitude que nos había recomendado Google y fue una buena recomendación. Ester decía que su lubina era una de las mejores de su vida y yo tampoco tengo ninguna queja. Además el dueño era muy majo y, aprovechando que el restaurante estaba aún vacío, estuvimos charlando un buen rato con él. Además el sitio es bonito y nada caro para lo que se estila en ese país. Os lo recomiendo si vais por Belfast.
Y ya nos volvimos al pub. El quiz fue bastante divertido. Las preguntas estaban divididas en cinco categorías (que al final fueron ocho) que el presentador anunció al principio. Al parecer, cuatro son fijas, aunque cada día hacen una variación sobre ellas, y la quinta varía. Para nosotros, la quinta categoría fue Coches. A Ester le dio la risa cuando la oyó, dada mi nulidad en ese tema. Y podías elegir una de esas rondas para que te contara doble. Nosotros demostramos un gran olfato descartando rápidamente los temas en que luego sacamos las mejores puntuaciones (sí, incluido el de Coches) y eligiendo el que acabó siendo el peor. Pero nos reímos bastante, tal vez ayudados por las cervezas y sidras que iban cayendo. Por cierto, no debíamos de ser los únicos españoles, porque había otro equipo llamado Los Putos, aunque no vimos dónde estaban porque el sitio es bastante grande.
Al final no sabemos cómo quedamos, aunque no demasiado bien, pero nos quedamos en el pub hasta la hora de cierre. Afeamos a unos chavales universitarios que se sentaban a nuestro lado que se estuvieran quedando dormidos a esas horas, y nos fuimos a dormir. Después de medianoche, y eso que pensábamos que a las siete ya íbamos a estar en nuestra habitación. Por eso estoy escribiendo esto al día siguiente, en el coche, mientras Ester conduce. Dentro de un rato os contaré también lo que estamos haciendo hoy.



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