Pues sí, nuestro día de hoy ha consistido en que hemos ido a la cárcel y vuelto a casa. Aunque la vuelta ha sido bastante historiada. En fin, vayamos por partes.
Hemos acabado la visita pasando un rato en el Gravity Bar, que ocupa la última planta del edificio y tiene unas vistas excelentes a toda la ciudad. Y, aunque empezábamos a estar cansados, nos hemos dirigido inmediatamente a nuestro siguiente objetivo, la catedral anglicana de Christ Church.
A Ester le apetecía ir a Kilmainham Gaol, la antigua cárcel de Dublín. Y yo hago lo que diga mi guía (aún no me he arrepentido de ello). De modo que sacó entradas para ir hoy a las 9:45. Kilmainham está bastante lejos del centro, así que hemos tenido que levantarnos a una hora innoble. Las siete o una cosa de esas. La idea era ir con tiempo para desayunar en el hotel y luego coger dos autobuses para llegar a la cárcel a las 9:30, la hora que marcaban nuestras entradas. Nos hemos arrepentido del plan en cuanto ha sonado el maldito despertador, pero bueno, ya no había remedio.
El desayuno del hotel, que no llevábamos incluido, está bien, aunque preferimos desayunar fuera. Lo que pasa es que así ahorrábamos un poco de tiempo.
Nuestro primer autobús paraba al lado del hotel. En Dublín, para pagar, le dices al conductor adónde vas y este te indica el precio. Echas el dinero exacto en una maquinita y te da tus billetes. Lo malo viene cuando el conductor tiene que darte alguna indicación (casi siempre; ya os dije ayer que está toda la ciudad en obras y los autobuses tienen que desviarse). Buena suerte entendiendo su endiablado acento. Y eso que Ester está más o menos acostumbrada. En fin, nosotros cogemos el billete que nos da (casi nunca para la parada solicitada) y vamos siguiendo el recorrido por Google Maps. Hasta ahora hemos llegado siempre a nuestro destino, toquemos madera.
Y no solo hemos llegado al lugar que queríamos, sino también a la hora. Y nuestra visita guiada ha empezado puntual. Esta vez no he tenido problemas con el acento de nuestro guía, aunque sí con la acústica de alguna sala. Nos ha contado muchas cosas sobre la historia de Kilmainham, sobre todo en torno a la rebelión de Pascua de 1916, ya que allí ejecutaron a muchos de sus principales instigadores. Nos ha hablado también de otros independentistas irlandeses que estuvieron presos pero sin llegar a ser ejecutados, como Eamonn de Valera, que años más tarde volvería al edificio, pero ya de visita y como presidente de la república. Le he contado a nuestro guía que en España tenemos el caso inverso: un tipo que fue como político a inaugurar una cárcel y hoy día está preso en ella.
También nos ha contado el caso del hijo de uno de los ejecutados, que estuvo en Kilmainham con dos años despidiendo a su padre y hoy día, con 103, sigue yendo alguna vez de visita. En España le dirían que se dejara de revanchismos y parase de dar la paliza con su padre.
En fin, ha terminado la visita y hemos empezado el largo camino de vuelta. Andando, pero con muchas paradas. La primera en la fábrica de Guinness o, más bien, en la enorme exposición que tienen montada en un edificio de siete plantas dedicado a ello en exclusiva. Y que, pese a su tamaño, está bastante concurrido. Es una exposición muy popular y muy bien montada, aunque yo habría preferido que un guía nos enseñara la fábrica de verdad. Pero la exposición es interesante y he aprendido a tirar correctamente una pinta de Guinness (que luego me he bebido, claro).
Hemos acabado la visita pasando un rato en el Gravity Bar, que ocupa la última planta del edificio y tiene unas vistas excelentes a toda la ciudad. Y, aunque empezábamos a estar cansados, nos hemos dirigido inmediatamente a nuestro siguiente objetivo, la catedral anglicana de Christ Church.
Otra visita que nos ha tomado un buen rato pues, aunque no es demasiado grande, tiene una cripta que sí lo es. Así que al terminar hemos decidido ir a tomar un té a un pub cercano. No comemos a mediodía porque el desayuno irlandés nos permite aguantar hasta la cena, pero teníamos que parar un rato. Y a causa de ello ya no hemos llegado al último objetivo, la cercana catedral católica de san Patricio. Es que casi todos los monumentos cierran a las cinco. En fin, la dejaremos para mañana.
Hemos decidido acercarnos a Temple Bar, la cercana zona de pubs musicales. The Temple Bar es el nombre de uno de esos pubs, pero también el de la zona donde hay muchos otros y todos con música irlandesa en directo. Son más caros que otros, pero, si os gusta la música en directo y las canciones irlandesas, merece la pena por completo.
Nosotros nos hemos tomado una cerveza en The Temple Bar, donde estaba tocando un tipo llamado John Hurt que me ha gustado mucho (tanto cantando como con la guitarra). Encima del escenario, por cierto, hay un cartel que recuerda que un tal Dave Browne estuvo tocando 114 horas seguidas allí hace unos años, batiendo un récord mundial. Tuvo que acabar con las yemas de los dedos hechas una mierda.
Luego hemos ido a cenar al Quays (bastante bien), un restaurante irlandés de la zona, y hemos ido a echar otra cerveza al Oliver St. John Gogarty, un pub aún más antiguo que The Temple Bar donde dos músicos atacaban el repertorio más conocido para que la gente cantara. "The Wild Rover", "Molly Malone", "Dirty Old Town", "The Irish Rover", "Home Boys Home"...
Y ya de vuelta al hotel, que estábamos muy cansados de todo el día. Ester ya está dormida y yo, dentro de poco. Mañana será nuestro último día en Dublín, ya os contaré a qué lo dedicamos.


Comentarios
Publicar un comentario