Hoy era nuestro último día entero en Dublín y queríamos dedicar la primera parte a hacer las cosas que nos habíamos dejado en los días anteriores. Lo primero, ir a la biblioteca del Trinity College a ver la exposición del Libro de Kells.
Hemos vuelto a desayunar en el KC Peaches del primer día y llegado con varios minutos de antelación (dos) a la biblioteca. Me refiero a que teníamos las entradas ya sacadas para las diez de la mañana. Pero nos ha costado, ¿eh? Esta noche ha sido de dormir.
El llamado Libro de Kells es una copia de los cuatro evangelios que se hizo en Irlanda en torno al año 800. Originalmente era un solo libro, pero la encuadernación original se había deteriorado mucho y recientemente se reencuadernó en cuatro volúmenes, uno por evangelio. Siempre hay en exposición uno abierto por una página de texto y otro abierto por una ilustración. Se cree que era un libro con propósito ornamental desde el principio, así que podéis imaginar lo decoradas que están todas las páginas. Es como una gran colección de arte medieval. En la exposición hay algunos otros libros medievales y muchos paneles explicativos sobre ellos.
Después hemos subido al piso superior donde se puede ver el taller de restauración de la biblioteca (desde fuera, que hay gente trabajando) y la gran sala principal, donde hay miles y miles de volúmenes. Es uno de estos sitios donde huele a libro.
Al salir teníamos dos opciones: ir a ver la catedral de San Patricio o ir al aeropuerto a recoger nuestro coche. Como en Dublín no lo íbamos a necesitar, durante los primeros días no hemos tenido coche, pero hoy podíamos recogerlo a partir de las doce. Como el autobús del aeropuerto paraba al lado de donde estábamos, nos hemos decidido por la segunda opción. De momento, conducir por la izquierda no nos ha causado problemas, salvo un par de arrimadas bastante apuradas. Si alguna vez habéis conducido por el lado contrario sabréis que mantenerse en la izquierda, incluso coger correctamente las rotondas, no es demasiado difícil; lo malo es controlar el tamaño del coche al llevar el volante en el lado cambiado.
Y del aeropuerto, a San Patricio. La otra catedral de Dublín, a unos 500 metros de la que vimos ayer. La otra catedral también anglicana, ojo. Y eso que Irlanda es hoy día un país mayoritariamente católico y con un importante pasado de conflictos religiosos no del todo superados.
Por cierto, al ir a la catedral hemos comprobado que los parquímetros dublineses son bastante caros. Por dos euros solo hemos tenido 40 minutos. Menos mal que los vamos a usar poco.
Y tras ver la catedral de San Patricio hemos aprovechado que teníamos coche para irnos a Howth, un pueblo situado al otro lado de la bahía de Dublín, en una pequeña península rodeada de acantilados. Al llegar hemos aparcado el coche y... nos hemos metido en el primer pub. Tocaba un poco de descanso. Y luego hemos pasado el resto de la tarde andando. Primero subiendo por todo el pueblo hasta llegar a la cima de la colina sobre la que se asienta y luego por el camino que bordea la isla, en la zona sin construir sobre los acantilados. Un paseo muy bonito e incluso soleado, aunque con bastante viento.
Claro que hemos vuelto a terminar bastante cansados, sobre todo la pobre Ester, que tiene la espalda y una pierna fastidiadas (pero ha aguantado todo el recorrido). Así que hemos ido a por otro refrigerio al primer pub que hemos visto antes de volver a Dublín. Pero resulta que no era un pub, sino un pequeño restaurante especializado en pescado y marisco. En fin, tendremos que quedarnos a cenar. Y, vale, no ha sido la mejor mariscada de nuestra vida, pero algunas cosas estaban realmente buenas y nos hemos puesto finos.
Y ya nos hemos vuelto al hotel y directos a la cama, que estábamos cansados y mañana nos vuelve a tocar madrugar. Por cierto, no se me han sincronizado algunas fotos del teléfono con el iPad, así que las he tenido que poner más pequeñas. Si mañana lo arreglo, las pondré más grandes. Ahora lo que quiero es dormir.




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