Un refrán dice que el Domingo de Ramos, el que no estrena nada no tiene manos. Pues sí: para quien no lo sepa, es tradición estrenar ropa el día en que empieza la Semana Santa. En vista de lo que hemos hecho nosotros, Ester sigue entera, pero yo soy un pobre manco.
En fin, como estábamos cansados del día anterior, hemos remoloneado un poco y levantado un poco tarde. Al fin y al cabo, nuestro primer objetivo del día abría a las diez de la mañana, tampoco valía la pena madrugar mucho. Y con solo un poco de retraso hemos llegado al sitio que habíamos buscado el día anterior para desayunar. Ah, cuánto echaba de menos estos brutales desayunos de las islas.
Una vez cumplido el primer objetivo con todo éxito, hemos ido hacia el Trinity College. Es la universidad más antigua de Irlanda y ahora hasta admiten estudiantes católicos en ella. Cuando la abrieron no era así, pero claro, eran los tiempos de Isabel I. Ya ha llovido. Sobre todo aquí, aunque de momento no nos estamos mojando. Pero Irlanda es muy verde, y claro, eso es consecuencia de un clima muy húmedo.
Después hemos recorrido el centro de la ciudad. Esto de llevar guía mola: yo desconecto el cerebro y me dejo llevar. Así hemos llegado a The Spire, un monumento reciente que es la estatua más alta de Europa. Aunque un tanto controvertida, porque no es sino una enorme aguja. O un pincho, como la llamo yo. Un pincho de 120 metros de altura en medio de O'Connell Street, donde antes se levantaba la columna de Nelson.
Desde allí hemos vuelto al río y hemos ido paseando por la orilla para ver algunas de las cosas que tienen relacionadas con la emigración irlandesa de la época de la hambruna. Varias malas cosechas seguidas en el siglo XIX ocasionaron una gran falta de alimentos y muchos de los irlandeses que no murieron de hambre emigraron a América. Parece que se nos ha olvidado que la misma situación por la que ahora pasan los sirios y muchas otras personas también las hemos pasado nosotros, y que muchos de nuestros antepasados también fueron emigrantes. Hay un grupo escultórico muy impresionante llamado Famine (Hambre) que representa un grupo de personas famélicas arrastrándose hacia el puerto para coger un barco que los llevara al nuevo mundo y también uno de esos barcos convertido en museo.
Entonces hemos pensado (o lo ha pensado Ester y yo, que no he venido aquí a pensar, he dicho que sí; no lo tengo muy claro) en ir a ver el cementerio de Glasnevin. Glasnevin es el principal cementerio de Dublín; hay más gente enterrada en él que viviendo en la ciudad. Fue fundado por un señor llamado Daniel O'Connell que, claro, está enterrado aquí. Es fácil encontrar su mausoleo porque está coronado por una torre de unos 50 metros. La lista Calixta aquí al lado dice que 53; bueno, pues esos serán.
Cogimos una visita guiada por un chico que tenía un acento dublinés bastante recio, así que a veces me costaba entenderle. Por suerte, también tenía buena voz y se le oía bien. Y se sabía todas las historias del cementerio. La visita incluía una representación del discurso pronunciado por Patrick Pearse en 1915, durante el entierro de Jeremiah O'Donovan Rossa, uno de los hechos que dispararon la revuelta del año siguiente y que culminaría con la independencia de Irlanda. De hecho, la visita se centra en las tumbas de los revolucionarios irlandeses enterrados allí. Si habéis visto "Michael Collins", pues esos. Incluido el propio Collins, cuya tumba es la más visitada del cementerio (gracias a la peli, sobre todo).
Aunque lo que más me llamó la atención fue la historia de las peleas por ser enterrado junto a O'Connell. Este murió en Italia, adonde había ido porque quería ver al Papa (pese a que el cementerio admitía todas las religiones desde el primer momento, él era muy católico), y dijo antes de morir que quería que fuesen "mi cuerpo a Irlanda, mi corazón a Roma y mi alma al Cielo". Vale, llevaron su cuerpo a enterrar a Glasnevin; hasta ahí, fácil. Pero luego empezaron las discusiones sobre si lo del corazón era metafórico o literal; el caso es que acabaron metiendo su corazón en una caja que llevaron a Roma, donde estuvo hasta que la robaron hace cosa de un siglo (por el valor de la propia caja). Y la tercera parte de la frase hizo que los dublineses pensaran que si los enterraban cerca de él irían al cielo más rápidamente, así que había tortas por que los enterraran junto a su mausoleo. Un entierro en el terreno aledaño podía costar cien veces más que en cualquier zona del cementerio. No hay evidencias de que tal estrategia diera resultado.
Nuestro guía también nos contó unas cuantas historias sobre los Ladrones de tumbas, así que a la salida fuimos a echar una cerveza a un pub cercano que solían frecuentar esos señores y que ahora tiene el sobrenombre de Gravediggers'. Y luego al Duke Pub a cenar. El Duke es un pub situado en una zona peatonal del centro y de donde sale una visita guiada que habíamos cogido: escritores y pubs. Es un recorrido que hacen dos tipos bastante majos que cuentan historias sobre escritores irlandeses y los pubs que frecuentaban. Como, además, son actores, interpretan algún fragmento (empezaron con uno de Esperando a Godot) o hacen lecturas dramatizadas. Y luego te dejan 20 minutos en cada pub para que te tomes algo (no incluido en el precio, ojo). Además de pubs, también pasamos otra vez por el Trinity College y la estatua que tiene indignada a Ester: la de Molly Malone. No por la estatua en sí sino porque, debido a unas obras (la ciudad está patas arriba), la han cambiado de sitio.
Durante la cena, por cierto, estuvimos charlando con dos parejas de jubilados de Alabama que estaban de vacaciones por Europa, pasándoselo bomba. Una vez más comprobé que en la América profunda suelen ser muy aficionados a pegar la hebra con cualquiera. Nos reímos bastante con ellos. Y por los pubs íbamos viendo a Sergio García ganar el Masters de Augusta. En Irlanda son aficionados al golf y lo daban por todas partes.
Y ya nos fuimos a casa, que ya se nos había hecho tarde. Y estábamos tan hechos migas que ni escribí esta entrada; la he dejado para el día siguiente. Pero bueno, aquí está.




Los gravediggers, diga lo que diga el amigo Luis, eran los enterradores, no los ladrones (a esos si los veían les disparaban sin más). Luego me llama lista, pero es que no se entera ;-)
ResponderEliminarLista calixa, lista calixta.
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